No toda la ansiedad detiene.
Hay mujeres que cumplen, producen, organizan y responden, pero viven en un estado constante de alerta interna. A esto se le llama ansiedad funcional: sigues rindiendo, pero el equilibrio ya no está ahí.
No es un diagnóstico clínico, pero describe una realidad frecuente. La mente no descansa, el cuerpo permanece tenso y el descanso genera culpa. Desde afuera parece disciplina; por dentro, agotamiento sostenido.
Señales comunes
- Dificultad para relajarte incluso en días libres
- Pensamientos acelerados constantes
- Problemas de sueño
- Necesidad de estar ocupada para sentir control
- Cansancio que no se resuelve con descanso breve
La productividad se convierte en máscara.
Qué está pasando en el cuerpo
El estrés sostenido mantiene activo el sistema nervioso. Con el tiempo puede alterar el sueño, el estado de ánimo, la energía y el equilibrio hormonal. No es inmediato, pero sí acumulativo.
Por dónde empezar
No se trata de dejar de cumplir, sino de revisar la narrativa interna:
- Aprender a detenerte sin justificarte
- Reducir la multitarea constante
- Establecer límites claros
- Buscar acompañamiento profesional si los síntomas persisten
La ansiedad funcional no es debilidad. Es una señal de que el cuerpo está sosteniendo más de lo que debería.
Seguir funcionando no siempre significa estar bien. Reconocerlo es el primer acto de salud consciente.


