Ardor, sensación de arena, picazón, visión ligeramente borrosa o la necesidad constante de parpadear. Los ojos secos son una molestia frecuente y, aunque solemos culpar inmediatamente a las pantallas, en las mujeres también pueden intervenir los cambios hormonales.
Las hormonas participan en el funcionamiento de las glándulas que ayudan a mantener lubricada la superficie ocular. Por eso, algunas mujeres pueden notar cambios en la sequedad durante determinadas etapas de la vida, especialmente alrededor de la perimenopausia y la menopausia.
Pero las hormonas son solo una parte de la historia. Pasar horas frente a una computadora o celular hace que parpadeemos menos, mientras que el aire acondicionado, ambientes secos, viento y contaminación pueden favorecer la evaporación de las lágrimas. Los lentes de contacto también pueden aumentar las molestias en algunas personas.
Ciertos medicamentos pueden contribuir a la sequedad ocular, incluidos algunos antihistamínicos, antidepresivos y otros tratamientos. Por eso, cuando el problema aparece de manera persistente, vale la pena considerar el contexto completo en lugar de asumir que únicamente necesitas gotas para los ojos.
Hacer pausas durante el uso de pantallas, parpadear conscientemente, descansar de los lentes de contacto cuando sea necesario y evitar corrientes directas de aire puede ayudar. Las lágrimas artificiales también pueden ser útiles, pero si los síntomas son frecuentes conviene consultar qué opción resulta adecuada.
Si existe dolor, sensibilidad importante a la luz, cambios en la visión, enrojecimiento intenso o la sequedad no mejora, es recomendable una valoración oftalmológica. Los ojos secos pueden parecer una molestia menor, pero cuando se vuelven constantes también son una señal que merece atención.


