Despertarte acalorada en mitad de la noche cuando la habitación está fresca o sentir frío constantemente mientras los demás parecen estar cómodos puede parecer simplemente una peculiaridad del cuerpo. Sin embargo, la temperatura corporal está relacionada con diferentes procesos hormonales y metabólicos, por lo que ciertos cambios persistentes pueden ofrecer información sobre lo que está ocurriendo internamente.
Las hormonas participan en los mecanismos que permiten al organismo producir y regular el calor. Las hormonas tiroideas, por ejemplo, influyen en el metabolismo y en la cantidad de energía que utiliza el cuerpo. Cuando existen alteraciones en la función de la tiroides, algunas personas pueden experimentar mayor sensibilidad al frío o al calor, aunque estos síntomas por sí solos no permiten determinar si existe un problema hormonal.
Las hormonas sexuales también tienen un papel importante. La progesterona produce un ligero aumento de la temperatura corporal basal después de la ovulación, razón por la que esta medida se utiliza desde hace tiempo para identificar cambios relacionados con el ciclo menstrual. La diferencia suele ser pequeña, pero demuestra que nuestra temperatura no permanece exactamente igual durante todo el mes.
La perimenopausia y la menopausia hacen que esta relación sea todavía más evidente. Las fluctuaciones y el descenso de estrógenos pueden alterar los mecanismos de termorregulación y favorecer sofocos y sudoración nocturna. El cuerpo puede reaccionar ante pequeñas variaciones térmicas como si necesitara eliminar calor rápidamente, provocando esa sensación repentina de calor que muchas mujeres describen.
Sentir frío de manera constante también merece atención cuando representa un cambio respecto a lo habitual. Además de factores ambientales, puede relacionarse con alteraciones tiroideas, anemia, alimentación insuficiente u otras condiciones. Por eso no conviene interpretar automáticamente cualquier cambio de temperatura como un “desbalance hormonal” ni intentar corregirlo únicamente con suplementos.
El metabolismo añade otra pieza al rompecabezas. La producción de calor forma parte del gasto energético del organismo y puede verse influida por la alimentación, la masa muscular, la actividad física, el descanso y distintas condiciones de salud. Por esta razón, observar la temperatura corporal tiene más sentido cuando se considera junto con otros síntomas y no como una métrica aislada.
Notar que ahora tienes calor por las noches, que toleras peor determinadas temperaturas o que sientes frío con mucha más frecuencia puede ser una señal útil para prestar atención al cuerpo. Si el cambio persiste o aparece acompañado de alteraciones menstruales, fatiga, cambios inexplicables de peso, palpitaciones u otros síntomas, una valoración médica puede ayudar a identificar la causa. La temperatura no diagnostica por sí sola, pero puede ser una de las formas en que el organismo indica que algo está cambiando.


